Se ha cumplido el pasado día 29 de noviembre 17 años del asesinato de 7 agentes del CNI (Centro Nacional de Inteligencia) en Irak mientras realizaban búsqueda y confirmación de información, en una emboscada a manos de insurgentes en la ciudad de Latifiya a 20 kms de Bagdad. Mes y  medio antes, el 9 de octubre de 2003, cayó asesinado otro agente del mismo equipo también en Irak. Hoy vamos a rendir homenaje a estos hombres y sus familias, perdieron la vida desempeñando un duro (y desconocido) trabajo por la seguridad y de la defensa de los intereses de nuestro pais en el mundo. Trataremos de relatar y ponerte en situación de la misión que tenían por delante y como se desarrolló el tráfico final,  pero antes veamos una breve introducción sobre la historia de estos servicios hasta el día de hoy, y del tipo de misiones que realizan.

Servicios de información en España

En España los orígenes de nuestros servicios de información como los conocemos hoy día podemos situarlos en 1935, poco antes  del inicio de la guerra civil española se crearon 4 distintos servicios: unos enfocados principalmente a tema político y social, otro  servicio de las FAS, y otro de Inteligencia Exterior/Contra inteligencia. Estos cuatro servicios   fueron sufriendo cambios posteriormente a la guerra civil hasta 1972, momento en el que se crea el CESED en 1972. Una vez muerto Franco en 1975, dos años después, en 1977, el CESED evoluciona y sufre alguna transformación un nuevo servicio de información llamado CESID, el cual tiene por delante los nuevos retos que los españoles habían decidido, y que refrendarían en una democracia y una Constitución Parlamentaria. Sería en 2002 cuando se transforma una vez más la institución en una nueva evolución, enfocada en unos Servicios de Inteligencia eficaces, especializados y modernos, capaces de afrontar los nuevos retos del actual escenario nacional e internacional, regidos por los principios de control y pleno sometimiento al ordenamiento jurídico.

Hoy día, y según reza en su organigrama, “La misión general asignada al CNI (Centro Nacional de Inteligencia) es la de facilitar al Presidente del Gobierno y al Gobierno de la Nación las informaciones, análisis, estudios o propuestas que permitan prevenir y evitar cualquier peligro, amenaza o agresión contra la independencia o integridad territorial de España, los intereses nacionales y la estabilidad del Estado de derecho y sus instituciones. Esta misión se concreta en diversas funciones (art. 4 de la Ley 11/2002) que definen sus cometidos y ámbitos de actuación y que, anualmente, se detallan y desarrollan en la Directiva de Inteligencia”.

Misión en Bagdad

En el año 2000 hacía 9 años que había finalizado la primera guerra del golfo. Sadam Hussein continuaba en el ojo del huracán internacional al haberse producido elecciones parlamentarias en febrero con resultados poco creíbles a vista de organismos internacionales, ganando su partido Baaz en las urnas con el 66%,   continuaban las sanciones de la ONU desde 1990, por lo que esa zona de oriente tomaba una especial atención de cara occidente.

Viendo los cambios que se estaban produciendo en Irak, el CNI decidió tomar cartas en el asunto y enviar a un agente a establecerse. El 17 de marzo llega directamente desde Madrid a la embajada de España en Bagdad el Comandante Alberto Martínez, con la misión de tratar de crear sus canales de captación de fuentes de información. Su antecesor en la embajada apenas había obtenido una información reseñable, por lo que tuvo que empezar desde muy abajo. Con el paso de los meses comenzó a forjarse sus primeras fuentes en sus reuniones con  clérigos Sunita e imanes, antiguos miembros del partido Baaz, y gracias a personal local contratado por la embajada como traductor Flayeh al Mayali poco a poco fue consiguiendo mas fuentes de alta calidad. También tuvo que despistar en innumerables ocasiones a la Mujarabat (Servicio de inteligencia Iraquí) que le tenían marcado desde su llegada a la embajada en marzo. Su trabajo le llevaba a desplazarse junto con su traductor a cualquier ciudad de Irak para entrevistarse con aquellas personas que pudieran ofrecerle información.

Tras los atentados del 11S en 2001, EE.UU comienza a invadir Irak justificándolo en la colaboración de Sadam Hussein con Bin Laden, y las armas de destrucción masiva, la situación comenzó a agravarse en el país. El 17 de septiembre de 2001 llegó el Sgto. 1º del EA Jose Antonio Bernal, ambos hicieron un buen tandem profesional y se centraron entre otras cosas, en averiguar la veracidad o no de las armas de destrucción masiva de la que tanto se acusaba desde occidente al gobierno de Sadam Hussein.

Durante 2002, las noticias de las conexiones terroristas de Sadam Hussein y su capacidad de fabricar armas de destrucción masiva aparecían cada día en los medios de comunicación de todo el mundo, Martinez y Bernal ya habían obtenido las evidencias, totalmente contrastadas con varias de sus fuentes, de la no existencia de armas de destrucción masiva en Irak pese a las opiniones en contra de sus homólogos de la CIA en Irak, con los que mantenían reuniones de intercambio de información, y tampoco se sorprendieron de las declaraciones de los inspectores de armas de Naciones Unidas en el mismo sentido. Los informes que enviaban a Madrid sobre este asunto discrepaban claramente de los informes que obtenía el CNI por otros cauces de la CIA. EE.UU seguía insistiendo en la veracidad de la existencia de esas armas. Todo apuntaba, según el criterio de los agentes, a que había que justificar la invasión. De hecho todos los medios de comunicación escritos como New York Times, Washington Post, y TV´s como Fox, CNN etc.. seguían la versión oficial. Sólo dos periodistas de un pequeño consorcio de periódicos, el Knight Ridder, se atrevieron a publicar contracorriente la verdad.

Mientras tanto, y debido al apoyo del Gobierno de Aznar a la invasión de Irak , cada vez  se les ponían mas difíciles las cosas sobre el terreno a los agentes. El imán sunita Al Husain, entre otros, no les ocultaban su enfado a los agentes en sus reuniones clandestinas  por la posición del gobierno español en la invasión de su país. Creían que los agentes no les eran fieles en su muestras de afecto al pueblo iraquí que en los momentos iniciales de la colaboración que dos años antes recibieron.

Pronto los agentes comenzaron a sentir vigilancias en sus movimientos por Bagdad, Nayaf, Diwaniya etc.., y tenían que jugar al despiste para continuar con su trabajo. Con la Mujarabat ya desarticulada especulaban constantemente que organismo o grupos les controlaban.

Grupos de insurgencia cada vez más incontrolados campaban a sus anchas, y la situación comenzaba a complicarse de cara a la seguridad de los agentes españoles. Estos grupos atentaban constantemente a las fuerzas invasoras. El trabajo realizado hasta ese momento por los agentes les había proporcionado mucha información de valor que transmitían a Madrid, pero también conllevaba algunas situaciones de riesgo incluso de sus propias vidas, por lo que tuvieron que tomar medidas extremas de seguridad. Algunas de sus fuentes se negaron a trabajar para Martinez si no eran evacuados de Irak junto a sus familias, y que les facilitaran cierta ayuda económica al ver que se exponían demasiado en su propio país debido al miedo de sufrir consecuencias si son descubiertos. Pero en un momento dado, al agente le llega la orden de abandonar Irak por su seguridad y volver a España (para volver a Irak poco después), dejando a estas fuentes a su suerte por decisión de la “Casa”, como así se denomina entre los agentes al CNI.

Martinez estaba muy “quemado” en el argot del CNI cuando su identidad y labor local es conocida, y se decide enviar a nuevos agentes “no marcados” para continuar con la labor. Los elegidos son: el Cte. de infantería Carlos Baró, Cte de infanteria José Ramón Merino Olivera, Cte de infanteria José Carlos Rodríguez Pérez, Brigada de Caballeria José Lucas Egea, Brigada Alfonso Vega Calvo, Sgto 1º telegrafista del EA Luis Ignacio Zanón Tarazona, y el suboficial José Manuel Sánchez Riera.

Agentes del CNI asesinados en Irak

Asesinato de Jose Antonio Bernal

Bagdad. Eran las 7:30 de la mañana del 9 de octubre de 2003, el agente Jose Antonio Bernal esperaba a su compañero Vega a que llegara desde Diwaniya para recogerlo. Alguien llamó a la puerta de su casa Miró fugazmente la mirilla viendo que tras la puerta se encontraba el clérigo Chiita Al Naji, algo que le sorprendió ya que se habían reunido pocos días antes… le pareció inusual, vestía pantalón y camiseta y el habitual turbante negro. Abrió la puerta y pronto entendió la situación. El clérigo estaba indignadísimo y fuera de sí, le acusaba de mentirle y de echarle a la Mujarabat encima. ¡Nos has traicionado! y se marchó,  Bernal notó la amenaza en su mirada y le siguió hasta la calle tratando de tranquilizarlo, salió a la acera y en una rápida mirada vio a unos hombres sospechosos que le hicieron pensar en lo peor. Empujó al clérigo y salió corriendo tratando de alejarse pero los hombres que acompañaban al clérigo desenfundaron sus armas y le descerrajaron los disparos suficientes como para caer muerto 40 metros después.

Emboscada y muerte

El ánimo de los agentes estaba muy bajo, la situación estaba muy comprometida y muy poco segura. Dudaban de algunas fuentes en las que confiaron en su momento habían dejado de ser seguras o personal local cercano a ellos. El29 de noviembre de 2003 los agentes se preparaban para trasladarse  los ocho juntos en dos vehículos, un Nissan Patrol Blanco y un Chevrolet, era Ramadán y tomarían especiales medidas de seguridad. Nadie debería conocer sus identidades reales. Se acreditaron a su llegada en Camp Victory y después de pasar la mañana despachando los asuntos diarios  y comer, a las 14:30 emprendieron el camino de vuelta.

Martinez al volante del Nissan, Vega en el del Chevrolet como experto en conducción evasiva junto a Baró, detrás iban Rodriguez y Sánchez Riera. Tomaron la ruta Jackson y no la autovía por estar cortada,  necesariamente les obligaba a pasar por poblaciones. Al llegar a Mahmudiya redujeron la velocidad debido a un control del 82 División Aerotransportada, atravesando sus calles lentamente,  notaron la presencia sospechosa de un hombre que no paraba de seguirles con su mirada su paso frente a él, parecía como apostado a tal efecto. Después de unos 10 minutos se aproximaban a la localidad de Latifiya y se percataron de que un Cadillac blanco les seguía, hasta el punto que en un momento dado se pusieron en paralelo al Chevrolet a apenas un metro de distancia. Algo no iba bien, pensaron los agentes.

De pronto, la ventanas del Cadillac se bajaron y asomaron unos AK47 que comenzaron a escupir toda su furia contra los agentes en forma de proyectiles del calibre 7,62. Martinez perdió la vida al instante, Lucas recibió un tiro en la cabeza pero se encontraba con vida. El coche quedó sin gobierno, Merino reaccionó rápido agarrando el volante y consiguió detenerlo en un lateral de la carretera. Zanón ayudó a Merino a sacar el cuerpo sin vida de Martinez a la parte trasera junto a Lucas

El  conductor del Chevrolet trató de llevar el vehículo hasta el Nissan para así tratar de hacer barricada común a modo de defensa. Ya con los vehículos detenidos en una zona embarrada en la cuneta, los terroristas comenzaron a ametrallar ambos vehículos. Los agentes sacaron sus pistolas ametralladoras HK MP7 A1 y un único subfusil, y se defendieron como pudieron del desigual poder de fuego. La escena era surrealista, decenas de personas se agolpaban en mitad de la carretera mirando lo que ocurría sin inmutarse del tiroteo. En un momento dado los agentes consiguieron repeler la agresión,  obligando a retroceder a los terroristas y a abandonar la carretera a todos los curiosos.

Pronto vieron que volvían los terroristas una vez que se dividieron en varios flancos apostándose otros en edificios cercanos. La situación era crítica, apenas eran cuatro los agentes ilesos.  Con Martinez muerto Baró asumió la responsabilidad del mando y se dispuso a utilizar el teléfono satélite Thuraya que portaban, y trató de establecer contacto con Madrid pero no tuvo suerte en su primer intento, en el segundo consiguió dar a medias el mensaje de alerta solicitando refuerzos inmediatos, cuando la señal se cortó sin dar tiempo de dar su posición, momento en el que una ráfaga alcanzó a Rodriguez falleciendo en el acto.

En Madrid la alarma fue inmediata, habían escuchado el tiroteo, pero con la poca información que tenían no sabían como plantear la ayuda desde Irak, y lo que era peor, a que punto exacto debían enviarles los refuerzos. Baró volvió a intentar la llamada de teléfono: “hay cuatro muertos…. o tres” Te damos las coordenadas”... pero de nuevo la comunicación volvió a cortarse, y con ella toda posibilidad de ayuda inmediata parecía desvanecerse. De nuevo Baró trato de contactar, pero esta vez a su madre que, también trabajaba en el CNI, pero saltó el contestador automático: “nos están matando”.

El fuego enemigo ahora también procedía de los edificios cercanos tratando de acorralar a los agentes en sus flancos. Lucas había fallecido. Los cuatro  agentes ilesos subieron un talud embarrado. Baró cayó mortalmente herido, al poco Merino gritó “me han dado” y Zanón lo arrastró hasta protegerle detrás de una de las ruedas del vehículo. Zanón tomó consciencia de que estaba cercana  su muerte, decidió quedarse y ayudar a Merino, mientras, Sanchez Riera se armó de valor y cruzó la carretera para intentar pedir ayuda. Increíblemente consiguió llegar ileso al otro lado, alcanzó y se integró  el gentío que le miraba como si fuera un bicho raro hasta que un hombre se apiadó de él. Le gritaba con la intención de ayudarle mientras le introducía en un taxi ofreciéndose a acompañarle hasta la comisaría de policía local de Latifiya. Cuando pasaron por delante de los vehículos de sus compañeros pudieron ver los cuerpos sin vida de Zanón y Merino tirados en el suelo y  ultrajados por la muchedumbre que se agolpaba enloquecida, Riera pudo ver los coches destrozados e incendiados por el efecto de una granada lanzada segundos de que cruzara la carretera.Coche de los 8 agentes del CNI asesinados en Irak

Meses después, el CNI decidió investigar el suceso enviando de nuevo a agentes a Bagdad y tratar de dar con los asesinos. La hipótesis de una posible traición del traductor de Martinez quedó como la más próxima a la realidad. Los Ctes. Algunos de los agentes fallecidos eran paracaidistas: Carlos Baró y José Ramón Merino Olivera pertenecieron, entre otras unidades a la III Bandera Paracaidista de la Bripac. Si quieres conocer otras misiones con fallos de comunicación fueron del Bravo Two Zero y del Red Wings)

Video: entrevista de Gervasio Sánches al traductor de Alberto Martínez sobre los sucesos Flayeh al Mayali

¡¡La muerte no es el final!!

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