“Entraré en Telata o en el cielo”... esa fue la frase que dirigió el Tte Ortiz de Zárate (al mando de la 3ª sección paracaidista de la 7a cia de la II Bandera de paracaidistas de la hoy Brigada Paracaidista)  prometiendo  cumplir las ordenes recibidas: socorrer de forma inmediata al cuartel de la policía de Telata, y liberar su cerco por bandas rebeldes. Emboscada, lucha con valor en difíciles circunstancias y muerte con honor….

Los hechos nos los relata detalladamente en este extracto el General de Brigada  (retirado) D.  Vicente Bataller, colaborador en VetPac y  autor del libro LA LEGIÓN EN IFNI SAHARA 1956-1976, Fundación Tercio de Extranjeros , el cual  puedes adquirir en la tienda solidaria, (tienes mas información al final del artículo).

Sección paracaidista  Ortiz de Zárate: lucharon con valor, murieron con honor

Bgda. Nalda Sección Paracaidista del Tte. Ortíz de Zárate

Foto: El brigada Nalda sentado en el pozo de Telata fue herido gravemente. (Pérez P.)

 Al iniciarse la guerra de Ifni Sahara el general Mariano Gómez de Zamalloa, gobernador del AOE, hizo dos excepciones a la orden recibida desde Madrid de esperar la llegada de los refuerzos para actuar en el interior. Una ya la relatamos, el primer salto paracaidista de guerra sobre Tiliuin. La otra fue enviar por tierra una sección reforzada en socorro a Telata. En efecto, el mismo día del ataque general, 23 de noviembre de 1957, el gobernador recibió la noticia de que en el cuartel de la policía de Telata, cercado por las bandas rebeldes, varios heridos -entre ellos el brigada Nalda– necesitaban con urgencia asistencia médica. Para una misión de tanto riesgo pensó en los paracaidistas, pues en el poco tiempo que llevaban en Ifni ya se habían ganado su plena confianza.

La orden cursada a la II Bandera era así de escueta «Liberar el puesto proporcionándole apoyo sanitario. La misión la efectuará una sección reforzada». Se designó a la 7ª compañía que, a su vez, encomendó la misión a su 3ª sección mandada por el teniente Ortiz de Zárate, compuesta por treinta y siete legionarios paracaidistas. El refuerzo consistió en una escuadra de morteros de 50 mm y otra de ametralladoras de la 10ª compañía, un aparato de radio Marconi con dos operadores de la 9ª, más un coche comando y dos camiones con sus respectivos conductores. Del Grupo de Tiradores se les agregó un equipo médico-quirúrgico con el capitán médico Freixas, el brigada practicante Manrique, así como una ambulancia con conductor. En total sumaban cincuenta y seis hombres.

Sección Paracaidista del Tte. Ortíz de Zárate

Foto: Sección paracaidista del tte. Ortiz de Zárate. (A. BRIPAC).

Según testimonios de sus subordinados, antes de partir esa misma tarde del 23, el teniente les arengó brevemente y manifestó su inquebrantable ánimo de cumplir con éxito la orden, a pesar de las dificultades y peligrosidad que entrañaba la misión.

A Sánchez Duque, cuando fue a despedirle le dijo con un gesto tranquilo y sereno «Llegaremos mi capitán, entraré en Telata o en el cielo». Como cabía esperar, en diferentes ocasiones encontraron obstáculos en la pista, que tuvieron que ser retirados para poder continuar el avance.

Tras progresar unos 25 km, se detuvieron para pernoctar, no sin antes montar la seguridad en completo silencio. Al amanecer del día 24, se reanudó la marcha, ralentizada por los numerosos obstáculos, baches y piedras que a menudo se encontraban.

El teniente Cuevas, jefe de la compañía de la policía de Telata, recibió información de sus confidentes sobre una emboscada que las bandas tenían preparada contra la sección de los paracaidistas. Por tal motivo Cuevas, en sus «Apuntes sobre el asedio de Telata» (Cuevas 2005), relata que envió a un indígena al encuentro con el teniente Ortiz de Zárate para informarle, además de que eran alrededor de cien los rebeldes que atacaban el cuartel de Telata, del lugar exacto, un collado próximo al vértice Agri, donde éstos tenían preparada una emboscada a la sección. En una de las detenciones, se les acercó el citado indígena y transmitió el mensaje del teniente Cuevas. Pero Ortiz de Zárate decidió continuar la marcha pues, ante todo, tenía una misión que cumplir y aquella información podía tratarse de una trampa.

A las 10:45, al llegar a la altura del yebel Agri-vértice Timgrat, nuevas barreras volvieron a detener el convoy. Esta vez se trataba de una emboscada bien preparada, pues la sección fue atacada con fuego de armas automáticas y fusiles desde tres puntos distintos: las cotas 628 y 624 y un aduar próximo.

Emboscada Sección Paracaidista del Tte. Ortíz de Zárate

El teniente ordenó ocupar a la fuerza la loma más inmediata, la 624 y desde allí repeler la agresión. En el intento murió el cabo 1º José Civera junto con dos paracaidistas, Aguirre y Rodríguez Matamoros; más tres heridos. Aguirre debía estar ya licenciado, pero se tuvo que quedar en Ifni al suspenderse los vuelos de Iberia. Solicitó ir voluntario de Telata con sus compañeros.

Fachada Cuartel V Sanjurjo

Foto: El tte. Ortiz de Zárate procedía del 4o Tercio en Villa Sanjurjo. (A. Legión).

El mortero de 50 mm entró en acción, pero tras disparar ocho granadas se le rompió el mecanismo de disparo. La situación era cada vez más crítica, pero por fortuna aparecieron de repente tres aviones Heinkel-111 que en vuelo rasante ametrallaron las zonas desde donde hacían fuego los rebeldes.

Las bandas se alejaron un poco y se aprovechó para proteger con piedras los puestos de cada tirador; se formaron dos perímetros defensivos, uno para las horas de luz y otro, más cerrado, para la noche. Desde allí se divisaba, a lo lejos, en lo alto de un pequeño monte, el destacamento cercado de los tiradores de Telata. A menos de 1.000 m del anterior se encontraba el cuartel de la policía, también sitiado.

Tras varios intentos no se pudo enlazar con la radio Marconi con Sidi Ifni, ni con Telata. Los legionarios paracaidistas estaban, solos, sin enlace y totalmente rodeados por los rebeldes, que les hacían fuego desde orígenes difíciles de identificar y, por tanto, de repeler. A pesar de ello se bajó a los vehículos a recuperar los restos útiles de material y munición. Al hacer balance de víveres y agua solo se disponían de un total dos cantimploras. La escasa comida -se había salido sólo con una ración- fue dosificada a un cuarto de chusco y otro cuarto de lata de sardinas por hombre. La situación era desesperante. El teniente, para dar ánimos a sus hombres, se movía por los puestos de tirador, de día y de noche, con alto riesgo de su vida.

Tte. Ortíz de Zárate 7ª cia II Bandera de Paracaidistas

Foto: en la madrugada del 26 de nov. murió el teniente Ortiz de Zárate. (A. BRIPAC).

En la madrugada del 26, la posición sufrió un fuerte asalto que fue rechazado con dificultades y causó la muerte de Ortiz de Zárate cuando indicaba un sector de tiro a un fusil ametrallador, y la de Vicente Vila, el que había sido el primer herido en el bautismo de fuego de los paracaidistas. El único sargento de la sección, Moncada Pujol, cogió el mando. Contó con el gran apoyo de los tres cabos 1º supervivientes: Jiménez Calderón, González García y Oliva Hernández, cuya actuación entre los soldados fue decisiva para mantener su moral, como así lo reconocieron los supervivientes.

En los citados apuntes sobre el asedio de Telata, el teniente Cuevas, jefe del cuartel de la policía de Telata, cuya brigada, Gutierrez Nalda, había sido herido de muerte, nos habla del socorro enviado a esta guarnición sitiada:

“No comprendí como se pudo enviar a una sola sección, aunque fuese de paracaidistas, a socorrer Telata, guarnecida por dos reductos defensivos, uno de tiradores en lo alto de una loma dominante, con dos secciones de fusiles y una de ametralladoras, y un puesto de policía con estructura de fuerte, en el fondo de un río seco y guarnecido por una sección reforzada con una escuadra de tiradores con un fusil ametrallador. Tal vez fuese debido a falta de información, estimación errónea de la situación… Y el resultado fue que ese socorro quedó detenido en un lugar que tácticamente era propicio para el enemigo. ¿Se esperaba un desenlace distinto? Por añadidura, el puesto disponía de una clínica/dispensario, un médico europeo y una ATS indígena. Pero la herida recibida por la brigada de policía era irremediablemente mortal.

Plano Telata Sección Paracaidista del Tte. Ortíz de Zárate

Foto: Cuartel Telata (policía). El último de los mandos sentados (dcha.) es el tte. Cuevas

Nos afectó moralmente oír diariamente el fragor del combate de aquella sección en situación precaria. Al segundo o tercer día, el capitán Llorente de tiradores me llamó por teléfono para comunicarme que se recibían órdenes de Ifni de socorrer a la sección paracaidista.

El plan que acordamos fue muy simple, al caer la tarde haríamos simultáneamente una progresión convergente sobre los paracaidistas. Así lo hicimos, pero parecía que el enemigo lo estaba esperando, pues fuimos rechazados con intenso fuego. Nos replegamos a nuestros respectivos puestos, pues además los paracaidistas se encontraban en lugar de muy difícil acceso”.

Heridos durante el combate en Telata Sección Paracaidista del Tte. Ortíz de Zárate

Foto: en Telata necesitaban medicinas y auxilio médico. (F. Mérida).

A medida que transcurrían los días, el tormento se agravaba aún más al no disponer de agua y por la escasez de comida. Los bidones de agua lanzados por los aviones se rompían al llegar al suelo o eran batidos por los rebeldes. Algunas latas de sardinas y chorizos, que sí se pudieron recoger, incrementaban aún más la sed desesperante. Las hojas de las chumberas se convirtieron en el principal recurso para aliviar un poco la sed. Incluso se llegó a salir de la posición, con gran riesgo, en un intento de recoger agua de un aduar próximo; encontraron una charca en el trayecto, y fueron tiroteados, pero sin bajas.

Los disparos y asaltos no cesaban y los heridos aumentaban día a día. Algunos, ante la desesperación por la falta de agua, llenos de repugnancia, empezaron a beber los propios orines. Según cuentan los supervivientes, inicialmente los labios se aliviaban y las lenguas, que ya eran carne quemada, se aplacaban con el líquido fétido, pero poco después el dolor de estómago y vientre se hacía insoportable. Pero aún peor que la sed, era el ver sufrir a los heridos, oír sus gestos de angustia y no poder ayudarles. Ellos veían la muerte cerca y la pedían o deseaban como una liberación de su insoportable dolor.

Así fueron transcurriendo los días hasta la madrugada del 2 de diciembre, en la que fue rechazado un nuevo asalto masivo. Ese mismo día, hacia las dos de la tarde, los sitiados oyeron hablar en lengua nativa. En silencio, los paracaidistas calaron bayonetas, decididos a enfrentarse cuerpo a cuerpo a lo que suponían un asalto definitivo del enemigo. Cuál sería la sorpresa cuando, poco más tarde, aparecieron los hombres del IV Tabor de Tiradores. ¡Estaban salvados! Pero de ello hablaremos con más detalle en la operación Netol.

Avión N2 Sección Paracaidista del Tte. Ortíz de Zárate

Foto: los bidones de agua lanzados por la aviación se rompían o eran batidos por los rebeldes. (T. Quecedo).

El legionario paracaidista Ventura Sánchez nos cuenta cómo vivió los últimos días del asedio:

“La falta de agua, como una obsesión, se iba apoderando de los defensores. El sol de la mañana caía sobre la posición; los labios resecos y las lenguas abrasadas quemaban como si tuviesen fuego. Ello se agravaba al comer hierbas y hojas de los matorrales y cactus: llegó un momento que vimos como única solución el beber nuestra propia orina…Tuvimos gran alegría una mañana al ver aparecer un Junker (nuestro querido avión de lanzamiento). Se dirigió hacia la posición y allí dejó caer diversas cargas, pero el agua, que cayó más cerca, no se pudo recuperar ya que el enemigo disparó sobre los envases de aluminio que fueron perdiendo el líquido elemento. El paracaídas que llevaba la munición no se abrió y otras cajas de ella, lanzadas sin paracaídas, pudieron recuperarse, pero los cartuchos estaban doblados y para hacerlos utilizables hubo que hacer una labor artesanal pasándolos cientos de veces con el mosquetón hacia la recamara y así se fue corrigiendo la desviación…

“Los días eran interminables y las noches angustiosas, sabiendo que el enemigo se iba acercando reptando hasta nosotros y que se lanzaría al asalto cuando amaneciese. Sus ataques eran siempre por el mismo sitio, por el sur de la posición, ya que era más fácil progresar entre las numerosas rocas que tenía esa zona. También se hacía muy difícil soportar el sufrimiento de los heridos; oír sus gestos de angustia; ver sus ojos implorando agua y no poder ayudarles era un martirio y a Dios le pedíamos la muerte ante que incorporarnos a aquel grupo de seres angustiados…El día 2 un compañero –Vicente Llobell Ferrero– empezó a gritar, desde unas rocas:Ya están aquí los nuestros”.

Tabor formado

Foto: el IV Tabor rescató la sección de O. de Zárate. Aquí le vemos formado. (T. Quecedo).

El enemigo le dispara y el tiro le atraviesa la ingle (lesión que arrastrará toda su vida), pero sus palabras fueron ciertas y poco después se oye la contraseña de la Legión y se van viendo, poco a poco, los tarbuch (gorros) rojos de Tiradores de Ifni. En la vida hay momentos buenos y malos. De todo se ha vivido y se vivirá, pero nadie, estoy seguro, puede valorar lo que supuso para nosotros el ser liberados de aquél cruel asedio de nueve días. Se dan novedades y sus miradas, las del capitán de tiradores y sus hombres, son de cariño y asombro. Yo creo que les parecía imposible que nos hubiésemos mantenido en aquella posición. Recogen con veneración a los muertos y miman a los heridos. Todos hemos nacido, de nuevo, aquel día. En el viaje de regreso a Sidi-Ifni fuimos reviviendo aquellas jornadas y nuestro lamento era la falta de los que cayeron en la posición. Ese era nuestro sufrimiento, ya que los heridos ya sonreían y pronto se recuperarían.

El 2 de diciembre continuaba la Agrupación A su avance hacia Telata. Durante el mismo, el capitán López Andión (jefe de la 21 compañía de tiradores) recibió información de un indígena sobre el lugar donde estaba cercada la sección del teniente Ortiz de Zárate. Al comunicárselo al teniente coronel López Maraver le dijo: «Coge tu compañía y vete a carajo sacado». Andión, imprimiendo la máxima velocidad, cruzó el barranco donde al final se suponía estaba la sección de Ortiz de Zárate.

Cia Andión

Foto: 21 compañía del IV Tabor de tiradores, al mando del capitán López Andión, que liberó a la sección de Ortiz de Zárate. (L. Andión).

La sección de la 21 compañía, que al mando del teniente Manuel Gómez Martín marchaba en punta de vanguardia, encontró la ambulancia completamente calcinada, así como los dos camiones de los paracaidistas con las ruedas reventadas y abandonados. A las 16:30 horas, la compañía desplegó, para proteger el avance de la sección de vanguardia. Los rebeldes se alejaron con celeridad y la sección de tiradores de vanguardia alcanzó la posición defensiva de los paracaidistas, que quedaron liberados. El teniente Martín recibió los abrazos, sin importarles los disparos que en esos momentos aún efectuaba el enemigo, del capitán medico Freixas y del sargento Moncada, quien le comunicó la mala noticia de que su compañero de promoción, Ortiz de Zárate, había muerto, junto con otros cuatro paracaidistas, y de la existencia de diecisiete heridos.

Liberados Sección Paracaidista del Tte. Ortíz de Zárate

Foto: supervivientes del cerco a la sección de Ortiz de Zárate. En el centro, sentados, el cap. médico y brigada ATS de tiradores, agregados a la sección. (A. BRIPAC).

Aquellos paracaidistas barbudos, sucios y demacrados no acababan de creer que su pesadilla hubiera finalizado. Por su parte, los tiradores acudían con las cantimploras a aliviar la acuciante sed de sus com­pañeros y compartían con ellos su comida y tabaco. Los heridos fueron los que, como cabía esperar, merecieron una mayor atención. Los sanitarios de la columna de rescate iban de uno a otro, les cambiaban los vendajes sucios y hacían unas primeras curas de fortuna. La emoción de esos momentos es indescriptible, según me contaron personalmente algunos de los supervivientes (Santa Cruz de Tenerife 2007), en especial la de los heridos graves que daban por segura su muerte a falta de una urgente atención medica en un hospital. Como en todo este desconcierto continuaba el fuego de las bandas armadas, el capitán López Andión emplazó sus armas automáticas y los morteros, y desencadenó un violento fuego que ocasionó varias bajas al enemigo.

Esa noche los tiradores desenterraron a los paracaidistas muertos y con mantas los llevaron hasta los camiones. Tras unas reparaciones de emergencia, con las ruedas reventadas, se pusieron en marcha los renqueantes camiones para incorporarse a la columna. Hubo que abandonar la ambulancia y el coche comando, por haber quedado totalmente destrozados.

Prohibida la copia y reproducción total o parcial de sin el permiso del autor.
Si te ha gustado déjanos tu Me gusta en las redes sociales.

Veteranos Paracaidistas de España
www.vetpac.es – email vetpac@vetpac.es

Ahora ya puedes comprar en VETPAC artículos y complementos de tu unidad, emblemas, parches, camisetas, libros, tecnología etc

Ver ahora productos Amazon VetPac